martes, 22 de enero de 2013

Peligros de la modernidad


Risas, brindis y cervezas. Trago va y trago viene, los vasos se van vaciando.

Y desde el otro lado de la barra él observa. Es un bar cualquier con una barra de esas en forma de “U”. De metal y con un reborde bastante incómodo para apoyarse y que además provoca que al coger o dejar la caña, el vaso tropiece con él y se derrame la mitad.

Parece que hace tiempo que no se ven y tienen mucho que contarse. Charlan animadamente, a menudo con carcajadas. Se abrazan. Cuanto más beben, más abrazos. Los seis parecen disfrutar. ¿Dije los seis? Bueno, no es exacto: cinco disfrutan de la compañía unos de otros, pero ella no. A sus manos parecen haberles salido una adherencia. Quizá por gemación, quién sabe. Como decía don Hilarión “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”. No para. No se da ni un segundo. Click-click-click-click... Debe de ser apasionante porque parece metida en una escafandra dentro de la que ni oye ni ve a sus amigos. Porque habrá que imaginar que también son amigos suyos, claro.

El hombre tiene los ojos fijos en sus manos. Los disparados dedos de ella sobre el aparatejo lo tienen atrapado. Y cada vez más nervioso. Al menos le podría quitar el sonido. Click-click-click-click… click-click… click-click-click-click-click-click-click… -click-click-click… En la cabeza del hombre cada vez resuena con más intensidad. Como si las manos tuvieran instalado un megáfono.

Se dirige al servicio. No coge ni el bolso, pero en ningún momento suelta su móvil. Los demás van por la sexta ronda y ella apenas ha probado su cerveza. El hombre sale disparado tras ella y la sigue escaleras abajo. Ella no se da cuenta. Sigue sin parar: Click-click… click-click-click-click-click … click … click-click… click-click-click-click-click… -click-click-click… -click-click-click-click-click-click… Abajo el espacio se divide: hombres a la derecha, mujeres a la izquierda. Los dos escogen la misma dirección. Hace un frío digno de un infierno de hielo. Pero claro, ella ni siente ni padece. Entra en el váter, un diminuto cubículo separado del lavamanos. Por fin él lo consigue: atranca violentamente la puerta y piensa con alivio “en algún momento se le acabará la batería”. Tranquilamente vuelve a subir con una gran sonrisa y se pide, ahora sí, un doble.
  


viernes, 18 de enero de 2013

De la trinchera al refugio


Si algo quedó claro ayer en el X Laboratorio de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) es que el periodismo es una actitud ante la vida y que no hay trinchera que valga.

La cuestión de la barrera entre el periodista 'tipo', ése que acude a nuestra mente al nombrarlo, es decir el plumilla de algún medio de comunicación que busca, encuentra, elabora y ofrece información; y ese otro comunicador que se dedica a lo corporativo no gustó mucho. Juan Pajares llegó a decir “todos tenemos que coger la pala y poner arena sobre la trinchera, más que construirla”, ahí es nada. Con todos en contra dan ganas de preguntar cómo llegó a darse ese nombre al laboratorio “Comunicación corporativa: periodistas al otro lado de la trinchera”. Temas nominales aparte, hay que reconocer que los oradores fueron muy convincentes en su defensa de que si bien se trata de dos oficios (o profesiones) diferentes, desde luego tienen herramientas y troncos comunes. Expresado por José Manuel Velasco, dos barcos que circulan por un mismo río informativo, a veces se encuentran y otras incluso chocan. David Martínez Pradales no dudó en afirmar que “es lo mismo pero no es igual” pese a tratarse de caminos que tienden a unirse. Dicho de otra manera, si la prioridad del Periodismo es la Sociedad (así, con mayúscula), la del director de comunicación es la sociedad anónima. Aquí se hirió con fina daga pues Martínez Pradales considera que la finalidad social del Periodismo se encuentra cada vez más desvirtuada, entre otras cosas porque no olvidemos que los medios pertenecen a empresas, a sociedades anónimas (ya sin mayúscula alguna) comunes y corrientes.

José Manuel Velasco
La enfermedad del Periodismo había salido a escena. Parece que era inevitable incluso hablando de Comunicación Corporativa. O precisamente por ello. No sólo de su mano pues minutos antes J. M. Velasco ya había apuntado en esa dirección. Con la crisis económica, laboral, social y sobre todo, de credibilidad, sobre la mesa se da la vuelta a la tortilla. Ya nos han dejado claro que el trabajo del comunicador corporativo (se habla todo el tiempo de dircom –léase Director de Comunicación- pero claro, no todo van a ser directores en esta vida) es muy extenso y abarca múltiples áreas entre las que sólo un pequeño fragmento consiste en la relación con los medios. ¿Un pequeño fragmento? Pues la verdad es que parece que esa brizna tampoco es realmente necesaria. Ícaro Moyano sorprendió a muchos al declarar que en sus más de tres años como director de comunicación de Tuenti jamás se redactó una nota de prensa. Hay que olvidar las estructuras tradicionales: eso es lo que parecen querer decirnos. Desde las empresas ya no se dirigen a los medios sino a los destinatarios finales, se trata de una tendencia cada vez más fuerte. Y por diversos motivos, como la erosión de la credibilidad de los mismos. Reafirma María Penedo que las notas de prensa ya no son eficaces sobre todo si la empresa se dirige a un público como los blogueros, que prefieren experiencias o eventos para valorar. Subraya así mismo que ya no se piden cuentas por salir o no en El País, sino que el objetivo es ser Trending Topic.


Álvaro Peláez
Si es necesario ser o no periodista para trabajar en Comunicación Corporativa generó un mínimo disenso. A Ícaro Moyano no le parece muy necesario, pero también es verdad que sus compañeros no lo arroparon. Lo que sí destacaron es que en muchos sentidos se hace una labor similar y por tanto la formación periodística es tremendamente útil. Piensa David Martínez Pradales que cada vez nos dedicaremos más a lo mismo, cosa que puede ser buena o mala dependiendo de las prácticas. A relucir salieron en todos los labios la transparencia, la veracidad y la buena conducta como elementos esenciales de ambos oficios. En esa dirección apuntaba Moyano al decir que no se debe engañar porque se puede perder al cliente, sobre todo hoy en día dado que la efervescencia de Internet y las redes sociales hace visible una mala práctica casi en cuestión de segundos. En palabras de Álvaro Peláez, “la red no sólo genera incendios, sino que ayuda a que se propaguen muy rápidamente”. Así de simple: Internet y las redes sociales son herramientas muy útiles pero como toda herramienta, hay que saber utilizarlas. Llegados a este punto, parece claro: tener una formación periodística es útil para entrar en el campo de la Comunicación Corporativa. Conocer el entorno periodístico, saber cuándo y cómo llama la atención una fuente o cómo se procesa la información a posteriori son conocimientos útiles. Pero también es innegable que hacen falta otras competencias. El cómo adquirirlas generó debate de nuevo: ¿formación?, ¿qué tipo de formación?, ¿máster?, ¿cursos?, ¿idiomas?, ¿práctica pura y dura? Un poco de todo, quizá. Entre las habilidades a adquirir están sin duda la interiorización de los conceptos marca o reputación como parte esencial de la información en sí para el posterior desarrollo de una estrategia o planificación. Tanto Jesús Ortiz como María Penedo defendieron la necesidad de que la Comunicación Corporativa fuese una especialización de la carrera de periodismo y fue entonces cuando tímidamente asomó su patita la labor de community manager, a introducir si no en el mismo saco, en uno que se le dé un cierto aire.


El debate se extendió ampliamente recorriendo recovecos insospechados y a veces excesivamente semánticos o incluso casi metafísicos: ¿qué es ser periodista? Y entre col y col, lechuga. También hubo espacio para frases geniales y aclaratorias como la de Ícaro Moyano, muy aplaudida y reída por la sala, “lo simplificamos todo mucho con la hoja de gastos: los de marketing pagan campañas, los de comunicación pagan cafés, los de institucional pagan comidas”. En conclusión el debate vino a reafirmar lo ya dicho por los orientadores, que Comunicación Corporativa y Periodismos son diferentes pero muy similares o siguiendo con metáforas, en este caso en boca de Juan Pajares, la relación es como la de muchas parejas, de amor-odio, con necesidades cruzadas y un respeto imprescindible. En definitiva, que no hay barreras ni trincheras sino un nicho laboral muy amplio que se puede aprovechar, un auténtico refugio para náufragos.


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Orientadores del debate. ¿quiénes son? Conócelos en Twitter
  • María Penedo, directiva de la APM y directora de Comunicación de Globomedia.
  • José Manuel Velasco, presidente de Dircom y director de Comunicación de FCC
  • David Martínez Pradales, gerente de Comunicación Externa de Orange España.
  • Jesús Ortiz, consultor senior de Estudio de Comunicación.
  • Ícaro Moyano, director de Redes Sociales de Prisa Noticias y ex director de Comunicación de Tuenti.
  • Álvaro Peláez, responsable de Comunicación, Marca y Medios Sociales en Fundéu BBVA.
  • Juan Pajares, director general de Over the Rainbow Comunicación


Grabación:



viernes, 11 de enero de 2013

El alma de la lectura


Sus ojos son tan negros de beber palabras. Las letras impactan como balas en sus retinas y devuelven destellos de ébano. El flequillo cae suavemente sobre sus ojos pero por suerte no los oculta. Un pelo liso, negro como el ónix y corto que no lo es tanto, pues llega a esconder la nuca. Sus rasgos marcados de hombre del sur le dan un carácter fuerte y cálido al rostro. Si no es guapo, desde luego es atractivo. Y lee como si la vida le fuera en ello.

Demasiado grande para el asiento, se pliega sobre sí mismo con los codos apoyados en las rodillas. Debe de estar realmente incómodo pero nada distrae su mirada. Su vestimenta no refleja nada. Vaqueros, camiseta a rayas. Fin.

Continúa concentrado. Sigue palabra a palabra. Y yo, concentrada en él. Mi mirada se clava en sus pupilas y fantasea con ser descubierta. Y de repente la angustia: ¿qué estará leyendo? Con los libros de siempre esto no pasaba: sabías a quién tenías delante porque podías ver la portada de su libro. Sabías qué tipo de palabras se deslizaban por entre su cristalino y desde el principio podías, de algún modo, juzgar. Pero, ¿y si este tipo estuviese leyendo a Pío Moa, o las memorias de Aznar?, ¡¿o aún peor… a De Amicis?! Intenté reprimir una náusea de espanto y volví a mirarle. Ya no me llamaba tanto la atención. Le observaba como a un bicho al que hay que estudiar pero causa repulsión.

De golpe, “¿Próxima estación? …Alonso Martínez; correspon…” No escuché más. Faltaban cuatro paradas para la mía, pero me levanté de un salto. Me miró con molestia: le había distraído. Me dio igual: la tensión de poder estar fantaseando con alguien que me resultase insoportable me pudo y pensé “¡malditos aparatos que silencian el alma de la lectura!”.


Imagen de Chema Madoz

domingo, 16 de diciembre de 2012

Aquel joven manifestante


Hace años cuando iba a una manifestación la verdad es que no solían ser muy multitudinarias. No es que faltasen motivos para protestar pero se ve que a lo mejor eran menos urgentes o nos tocaban menos de cerca. No es lo mismo protestar por el derecho más o menos abstracto a una vivienda digna que encontrarse sin casa, está claro.

Lo cierto es que había bastantes convocatorias. Siempre ha habido bastantes aunque ahora parezcan multiplicarse por esporas. También es verdad que al ser pocos los que salíamos a mostrar nuestro enfado por el asfalto de Madrid al final todos nos conocíamos un poco. No es que fuésemos todos amigos, ni mucho menos. Pero es que de tanto verte, al final te acaba sonando la cara de aquel chaval rubito, esa chica de la coleta… como cuando coges siempre el metro a la misma hora, que conoces a todo el vagón. Pues así. Además éramos todos de una misma quinta. Digamos que estábamos casi todos entre los 17 y 25 años salvo honrosas excepciones.

Vista aérea de la manifestación del 14N en Madrid

Sin embargo hace algún tiempo que esto ha dejado de ser así. La media de edad ha subido mucho y eso no quiere decir que unos hayan sustituido a otros sino que una mayor cantidad de población ha salido a la calle. ¿Recuerdan alguna huelga de personal sanitario?, ¿y verlos masivamente en la calle? ¿Y qué me dirían del personal de Justicia?, ¿imaginan al juez decano de la capital cortando la calle para mostrar su indignación? No es necesario que lo imaginen, ahora basta con salir a la calle para verlo. Y pueden salir casi todos los días a comprobarlo, por no decir todos.

"Cena de sobaquillo" 14 de diciembre en Madrid - Fuente propia
El viernes pasado era digno de ver cómo los trabajadores al servicio del estado bajo la lluvia, el viento y el frío tomaban un bocadillo en la Puerta del Sol. Un auténtico acto de ironía. El humor contra la doctrina del miedo. Dice el refranero que el hambre agudiza el ingenio y debe de ser verdad porque ahí estaba toda esa gente, riéndose a carcajadas de quienes les quitan poco a poco su sueldo y les recortan, no tan poco a poco, sus derechos. Montones de personas, riadas de gente que nunca antes se habían manifestado y ahora sólo encuentran motivos para salir a la calle.

Manifestación por la sanidad en Madrid (16D) -
Fuente Propia
Hace bien poco en nuestro país, en pleno siglo XXI un chaval de veintiún años ha sido arrestado casi como un auténtico preso político. Ahí es nada. Prisión preventiva y en régimen de F.I.E.S. (Ficheros Internos de Especial Seguimiento). Eso en Román paladino es aislamiento dentro del aislamiento, cárcel dentro de la propia cárcel. Algo que incluso Tribunal Superior de Justicia mira con muy malos ojos. Motivos de sobra para que una madre remueva Roma con Santiago y para que toda la población se escandalice. ¿Es que cualquiera puede ser acusado en cualquier momento de cualquier cosa y ser aislado como si se tratase de un terrorista? Se ve que sí, que es posible. Y eso no deja del todo indiferente a casi nadie. Ahora los padres se manifiestan por los derechos de sus hijos, para que puedan estudiar, y por los de sus propios padres, para que la mísera pensión no les obligue a rebuscar en la basura. Todos por los derechos de todos porque al fin y al cabo estamos en el mismo barco, ése que Intermón Oxfam nos dice que dentro de unos 10 años y a este ritmo puede tener el 40% de su casco más que hundido. En ese caso, todos tranquilos, claro.

25S en Madrid - Juan Ramón Robles

Hace tiempo cuando iba a una manifestación y había una carga policial todos estábamos seguros de que si alguno peinaba canas, a ése no le iban a dar. ¿Qué clase de bellaco golpearía a alguien de cierta edad, que no puede correr o defenderse y que no representa ningún peligro? Nadie, lógicamente. Todos sabíamos que ellos podían apartarse y que los veinteañeros eran los que debían de poner pies en polvorosa. Eso ya tampoco es así. Nada ni nadie está a salvo de nada ni de nadie. Pero tampoco hay miedo, lo que crece día a día son la rabia y el ingenio. Y es que ése joven manifestante ya no es tan joven ni está tan solo.

Árbol de Navidad redecorado en la Puerta del Sol, Madrid - Fuente Propia

martes, 4 de diciembre de 2012

Un beso salvaje


Como si estuviese en la selva. Así es como él acecha tras los maceteros de la entrada. Escondido entre una vegetación tan salvaje como permiten las regaderas espera a su presa. En su rostro no caben más arrugas y sin embargo los ojos despiden llamas, chispas de adolescente. La sonrisa se le revela como un niño preparando una gran travesura. Se relame aguardando mientras sus ojos ya arden.

Aparece ella. Radiante, camina ajena a ser la gacela de esta historia. Con paso firme y seguro se acerca a las enormes jardineras y entonces salta él a su encuentro. Con un torpe y muy premeditado brinco se pone ante ella para asustarla. No llega a tanto pero sí la sorprende. Y la hace reír una vez más. Con todos sus años y carcajadas de quinceañera. Y entonces la besa dejando por tierra a Doisneau, Alfred Eisenstaedt y al mismísimo Klimt. Porque su beso es de verdad. Porque se trata de un beso de años, complicidad y amor que rebosa pasión.